PODRÁ NUESTRA SEGURIDAD SOCIAL SOSTENER SU CALIDAD EN UN FUTURO PRÓXIMO. EL SERVICIO DE SALUD BRITÁNICO TOMA MEDIDAS.

Los últimos meses han sido testigos de la crítica más feroz y prolongada de Servicio Nacional de Salud de Gran Bretaña (NHS) en sus 65 años de historia. Algunos críticos han sugerido que el NHS se enfrenta a una crisis que sólo puede resolverse mediante la alteración del principio fundamental sobre el que se fundó – la provisión de fondos de los impuestos generales, para el cuidado gratuito del ciudadano. Estas críticas tienen su punto de origen por un informe publicado en el mes de febrero del 2013 sobre una investigación por las deficiencias que se detallaron sobre un hospital público en el 2010. Estas deficiencias tienen su origen por culpa de la austeridad financiera del sector público y la reorganización administrativa del mismo. Estos factores han puesto sobre la mesa el futuro de la Sanidad pública en el Reino Unido.

 

Nunca antes la NHS ha tenido que hacer frente a un período sostenido sin ningún aumento presupuestario. Con un aumento en su demanda de servicios, el NHS se ve obligada a mejorar su productividad a un ritmo sin precedentes del 4% por anual. El Gobierno británico está convencido de que para lograr esta mejora tan significativa, se necesitan dos cambios fundamentales. El primero se refiere a las organizaciones locales para la puesta en marcha de la compra de servicios hospitalarios y comunitarios para sus poblaciones geográficamente bien definidas de entre 200.000 a 1 millón de habitantes. Los 151 organismos administrativos existentes llamados “Primary Care Trusts”, que inicialmente fueron dirigidos por directores (no clínicos), han sido sustituidos por 212 grupos clínicos. Estos últimos están dirigidos por médicos de atención primaria. El gobierno británico cree, que este sistema será más eficaz controlando el uso de los 60 billones de libras esterlinas en gastos para los servicios de atención sanitaria secundaria y servicios comunitarios. El gasto en atención terciaria con un presupuesto de 20 billones de libras esterlinas será gestionado a nivel nacional por una nueva entidad llamada NHS Inglaterra. La segunda medida para lograr una mayor productividad será a través de aumentar la competencia entre los proveedores de servicios a la comunidad hospitalaria y por el mayor uso de proveedores fuera de la NHS.

 

La suma de una austeridad económica muy larga y una reorganización administrativa son temas lo suficientemente difíciles en si mismos como para que un informe del más alto nivel añadiera fuego a la temática en cuestión manifestando que los hospitales de la NHS no son seguros. El Informe Francis relata una historia lamentable y preocupante a la vez sobre un hospital británico en el que el trato sanitario en algunos departamentos hospitalarios era terrible, y en el que la proporción de muertes consideradas evitables era mucho más alto (un 5% mayor) comparativamente hablando con otros hospitales ingleses y en otros países del mismo rango económico. El gobierno ha respondido con el anuncio de varias iniciativas: el compromiso de establecer una simple calificación individual sobre la calidad de los hospitales; una revisión de otros 14 hospitales considerados “sospechosos” sobre la base de sus erráticas tasas de mortalidad; una revisión de la seguridad del paciente en la NHS; y la creación de un puesto de inspector jefe de los hospitales británicos para fortalecer la posición del regulador de calidad que ya existe; y la creación de una Comisión de Calidad de Atención.

 

Para la NHS para sobrevivir en su forma actual, tendrá que superar cuatro grandes retos. La primera, la restricción financiera. Aunque el gobierno afirma que el mantenimiento de la financiación en términos reales es idéntico, se ha demostrado que en términos reales ha habido una reducción de la financiación sanitaria de casi un 1% por año desde el 2011. Es de destacar una gran preocupación por el hecho de que los servicios sociales han sufrido un recorte del 7% al año desde el 2011, que se traduce en un número mayor de ingresos a través de los servicios de emergencia hospitalarios, y a los consiguientes retrasos para dar de alta a los pacientes ingresados. Estos problemas se agravarán si los nuevos comisionados ordenan realizar ciertos ajustes, ya que estos cambios reducirán aún más los fondos que reciben los hospitales. Y por si estos temas económicos no fueran suficiente, la política del gobierno para mantener el nivel de gasto sanitario está cada vez más cuestionado en el Parlamento por diputados del partido en el poder que están descontentos por las repercusiones que esta protección tiene para otras áreas como son la defensa y la aplicación de la ley. La nota final la da el hecho de que es la creciente austeridad económica parece que va a continuar más allá del 2015.

 

El segundo desafío es que la NHS será encontrarse con la oposición a sus esfuerzos para mejorar la productividad. Durante los 2 primeros años de austeridad económica, la mejora se logró mayoritariamente por la congelación salarial. Una política que obviamente no es sostenible. Del mismo modo, bajar y/o congelar los precios pagados a los proveedores de materiales de consumo no puede automatizarse indefinidamente. Además, los profesionales podrán oponerse a los cambios en la organización de su trabajo como son los requisitos que que los médicos del hospital trabajen por las tardes y los fines de semana para aumentar el uso de las instalaciones hospitalarias. Pero son las iniciativas más importantes para mejorar la productividad, tales como la fusión, postergación o clausura de hospitales, que provocarán la mayor oposición.

 

El tercer desafío es la falta de capacidad para realizar una buena gestión, debido en gran parte por la imposición gubernamental de realizar una reorganización que tuvo muy poco apoyo de los miembros clave del personal sanitario. Este problema se ha visto agravado por la crítica generalizada de los directivos hospitalarios, a raíz del mencionado informe Francis, por el público, los medios de comunicación y los políticos. A pesar de las críticas de algunos miembros del personal médico y del personal de la gestión están en cierta manera justificados, su fatalismo se consideró inapropiado. Todo esto ha fomentado a que muchos de los mejores administradores se fueran (especialmente cuando las opciones de jubilación fueron muy generosos). La pérdida de los mejores administradores es particularmente evidente para la puesta en marcha de nuevos proyectos. Es en estas circunstancias donde estos efectos se intensifican porque la responsabilidad de pasa a los médicos, la mayoría de los cuales carecen de experiencia y formación en esos menesteres. A pesar de que recibirán la ayuda técnica pertinente, no está claro que el entusiasmo inicial de los médicos que han optado por asumir este nuevo rol va a durar mucho. La luna de miel se acabará pronto cuando los médicos se den cuenta del desastre de racionar la atención sanitaria a sus pacientes y reducir los fondos para su hospital.

 

Por último, existe una creciente preocupación de que la forma en que la NHS se ha reorganizado impedirá los intentos de lograr una mayor integración entre los servicios sanitarios y los servicios sociales. La integración es esencial para lograr una atención de alta calidad y que a su vez sea eficiente.

 

Así pues uno se pregunta ¿Sobrevivirá la NHS a estos desafíos? Principalmente hay tres razones para el optimismo. En primer lugar, ya hay ejemplos de médicos emprendedores, gestores y políticos que trabajan juntos para rediseñar sus servicios locales de manera imaginativa. En segundo lugar, pese a las preocupaciones sobre la calidad de algunos servicios, el apoyo del público para la NHS no ha disminuido, como lo demuestra la inclusión de la NHS en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos y como también se refleja en las encuestas públicas. El entusiasmo del público se corresponde con la mayoría de los médicos y gestores hospitalarios, y también por la mayoría de los políticos. Y en tercer lugar, la problemática expuesta proporciona una oportunidad para la innovación. Este hecho puede producir esfuerzos colectivos si sus interlocutores son capaces de dejar sus intereses partidistas a un lado, y las cuestiones controvertidas todavía no resueltas de larga recorrido, para entrelazar la atención sanitaria con los servicios sociales.

 

Aunque algunos de los retos en el Reino Unido son únicos, el problema subyacente de satisfacer la creciente demanda de ofrecer la mejor atención sanitaria con recursos en disminución es común en muchos países.

 

Comentarios del Doctor Cardona: La pregunta que se hacen las autoridades británcias sobre el futuro de su Seguridad Social es una pregunta que podríamos hacernos en España. Durante años nuestra sanidad ha sido la envidia de muchos países. Hemos sido considerados como el país con los mejores servicios de salud. Incluso, en muchos casos nuestros médicos han encontrado el reconocimiento internacional. Por ejemplo, nuestro sistema de trasplantes. Estos hechos nos han colocado entre los mejores. Mejores médicos, mejores servicios médicos, etc… Ahora cuando la crisis nos afecta muy especialmente hemos visto como de la grandeza hemos iniciado un camino hacia la mediocridad. No porque el personal sanitario no sea excelente, y voluntarioso, si no porque no existen los medios para ofrecer el servicio que merecemos. Mientras todo esto ocurre, la tecnología avanza, y esta no cesa en sus pretensiones económicas. Uno se pregunta hasta cuanto podemos costear un novedoso tratamiento oncológico. Los últimos aprobados por la FDA tienen un coste de 50.000 dolares americanos por paciente y año. Que ocurre cuando intentas utilizar dos (ipilimumab y el lambrolizumab) de ellos según el último congreso americano (ASCO 2013). Más aún, hay ocasiones que tras un análisis farmacogenómico ofrecemos fármacos de diseño que solo aumentan el pronóstico de nuestros pacientes en unas semanas. Una ordenación de todos estos temas esta a la orden de día o el sistema colapsará.

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